Nos encontrábamos junto con otros cuerpos sudorosos, empujándonos unos a otros. Ya habÃamos calentado y no podÃamos dejar de movernos, parecÃamos como uno de esos toros de lidia justo antes de entrar a la plaza. La carrera empezó y a medida que la multitud disminuÃa, empezamos a correr más rápido. Ella corrÃa a mi lado, como debe ser, fue ella quien me habÃa metido en este lÃo. Unos segundos yo la dejaba atrás, luego ella mÃ. Era la primera vez que corrÃamos sin nuestros siempre presentes seguidores, por lo que nos vimos obligadas a correr por las calles sin ninguna mirada de adoración que nos empujara hacia adelante. Hoy corrÃamos por el placer de terminar, por tenernos la una a la otra. Nunca estaba claro quién cruzarÃa primero la lÃnea de meta.
Si lo piensas, nadie piensa que correr se puede hacer en equipo. Mis zapatillas me dieron la lección.