-No te he visto entre los inscritos de la San Silvestre y me ha extrañado, porque tú corres, ¿no? – su corazón no corrÃa, galopaba. Pensó: voy a desmayarme. Recordó las veces que su mente le decÃa que no podrÃa aguantar un kilómetro más y su cuerpo la desmintió. Como ahora.
-Es que me he lesionado el tendón de Aquiles, y aún no sé… – dijo haciendo un esfuerzo fÃsico sobrehumano.
-Asà que es cierto que los héroes sois mitad humanos – dijo sonriendo y achinando aún más sus demoledores ojos de miel.
Recordó la leyenda de Aquiles; cómo, buscando la inmortalidad, su talón se convirtió en la única parte vulnerable de su cuerpo.
Contempló con cara de alelado a Teresa alejarse en dirección a clase, sabiéndose observada, regalándose a sus ojos. Y comprobó maravillado cómo su talón de Aquiles seguÃa latiendo como un loco en la parte izquierda de su tórax.