La San Silvestre Salmantina aquel año iba a ser especial: la primera carrera totalmente narrada por inteligencia artificial.
Los corredores llevaban chips que registraban emociones, ritmo y pensamientos, mientras un sistema los retransmitía en directo.
Miguel corría con entusiasmo. El público digital comentaba su esfuerzo, su zancada, e incluso su duda existencial cuando vio a un corredor disfrazado de jamón.
El algoritmo era brillante, poético.
– Miguel acelera. Salamanca brilla. El humano vence al dato.
Cuando cruzó la meta, exhausto, levantó las manos y gritó:
– ¡Lo logré!
Pero nadie lo aplaudió. Las cámaras flotaban, y el silencio se repetía en bucle.
Entonces escuchó una voz metálica: “simulación narrativa completada. Entrenamiento exitoso del modelo Miguel, versión 12. Datos emocionales mejorados”.
Desde el otro lado de la pantalla, el verdadero Miguel pulsó el botón de “generar otra historia”… y el mundo volvió a empezar desde la línea de salida.