-¿…y si no llego?
-No, claro que llegas. ¿Dejarás de llegar?
-Es que no puedo… no puedo más.
-¡Tú corre! Sólo corre. Calla y corre.
-Es que aún queda mucho.
-Pues piensas en otra cosa y no te enteras. Además, tampoco queda tanto.
-Es que me falta el aire…
-Céntrate en la respiración.
-Si me fijo en la respiración, la fuerzo, ventilo demasiado y luego me entra flato.
-¡No, flato no! Ni lo menciones… Tú respira como puedas.
-Vale.
-Venga, ya queda menos… No pienses en nada. Sólo corre. No subas el ritmo si no puedes, pero tampoco lo bajes.
-¡Qué fácil es decirlo!
-Haz lo que puedas.
-Quiero llegar ya.
-Cuanto más rápido corras, antes llegarás.
-¡Cállate ya! Lo que necesito es animarme…
-Bueno, pues tú sabrás. Yo sólo puedo decirte que no pares, que sigas corriendo.
Y el corredor no dejó de hablar consigo mismo. Y siguió corriendo…