Fue el miedo al monstruo que se escondÃa en la oscuridad de mi cuarto lo que me hizo ganar tantas carreras desde que era un crÃo. Miren… es que el interruptor de la luz estaba a la entrada de la habitación, y nada más apagarla, para que no me atrapase, tenÃa que correr hasta la cama y ponerme a salvo bajo las sábanas. Entonces oÃa cómo se entrenaba, incansable, para ser más rápido la próxima vez, pero yo hacÃa lo mismo cada tarde. Y tanto me esforcé que, tras apretar el interruptor, conseguÃa llegar a mi cama antes de que se apagase el filamento de las bombillas.
Ya no conservo esa punta de velocidad, aunque todavÃa puedo hacer una buena marca, incluso en carreras de fondo, como en esta donde participo. Ahora lo comprobarán. Atentos al pistoletazo de salida… No pierdan de vista la meta…
¡Ba…
Aquà me tienen.
…ng!