27 DE DICIEMBRE DE 2026

Solo por la insistencia de mi padre decidí correr, sabía que era una perdida de tiempo, desde los dieciséis corría con mis amigos pero siempre quedaba en último lugar. Está vez, mi padre no me dio su aburrido discurso, solo me abrazó y se fue con una enorme sonrisa.
—¡Si puedo! —escuché a uno de mis amigos que me rebasó al comienzo de la carrera.
—¡Yo si te alcanzo! —me dijo otro chaval.
—¡Presumido! —gritó otro empujándome con el hombro.
Cada chico que me rebasaba me insultaba, ¡no lo podía permitir!, sentí adrenalina en mis venas y comencé a rebasar a todos esos engreídos hasta que alcancé al último y si, gané La San Silvestre.
En el podio de ganadores, un juez me quitó de la espalda un letrero, que, me confesó mi padre después, me colgó antes de iniciar la competencia, este decía:
¡A QUE NO ME ALCANZAN!