Aplicó todos sus conocimientos cientÃficos. Minimizó a lo imprescindible la ingesta calórica, estudió el gradiente térmico en función del recorrido y de la previsión meteorológica, monitorizó el ritmo cardiaco, el nivel de ácido láctico en el músculo y del calcio en la sangre, y redujo el rozamiento de sus mallas y zapatillas a valores inapreciables. Se habÃa propuesto un objetivo, reducir al mÃnimo el aumento de la entropÃa, la pérdida inútil de energÃa.
Todo iba perfecto hasta que llegó a la Glorieta de los Milagros, allà se le cruzó una variable inesperada, tropezó con él, desestabilizó su ritmo, y para más inri, se puso a darle conversación. Por no ser descortés con la variable permitió que la entropÃa aumentase exponencialmente. Más tarde vendrÃa lo de despejar la variable y casarse con ella, pero ésa es otra historia.