Pasado el kilómetro 30, la vida es ritmo. Cuando más pesan las piernas y el frio entumece los dedos de las manos, comienzo la guerra psicológica contra las ganas de abandonar, ¿para qué seguir si te esperan en el hogar y la cena estará ya preparada?, si tú no eres Filípides ni tienes que anunciar victoria alguna en la ciudad de Fray Luis… Entonces comienza el himno, la canción infantil que marca el paso siguiente, y el otro, uno a uno, contando números, como si fuera posible desembarazarse de todos los pesos a la espalda y seguir adelante con el uno y el dos, el tres y el cuatro, adelante, siempre adelante, rítmicamente, en un universo de pasos contados, de armonía constante, de música acompasada… Con la mente en paz, el corazón también se crece a cada nueva zancada. El mundo está en equilibrio, la meta está ya cerca.