Si hubiera nacido en Jamaica y apellidado Bolt, la fuerza de mis muslos batirÃa el record de la San Silvestre sin apenas fatigarme y serÃa la envidia de los compañeros del club…
Si hubiese sido etÃope y mi nombre Abebe, corredor de sabanas y estepas, marcharÃa sobre las calles salmantinas como por el salón de mi casa y mis extremidades serÃan una prolongación de la tierra con alma de antÃlope…
Si fuese keniata y mi apellido Rudisha, el Gran Valle del Rift darÃa alas a mis pies lampiños y las piedras se ofrecerÃan para auparme y ganar tiempo en las zancadas, leonina mi voluntad, mi corazón efervescente y mi bandera el viento…
En esto empleaba mis elucubraciones cuando corrÃa a la cola de un grupo de atletas africanos a la altura de la calle Paraguay y oà a mi mujer gritarme:
¡Vamos,! ¡Saca el bol, bebe y protégete la rodilla!