Si la vida fuera tan fácil como correr y olvidarse de todo, ser solo cuerpo y movimiento, sentir la piel calentarse y agitarse el pulso, no pensar en las cuentas, ni en la hipoteca, ni en aquella agria discusión con MarÃa, retroceder a lo básico, ser solo sudor y ganas mientras se acerca la meta.
Corriendo somos niños, porque en verdad siempre hemos sido niños, niños viejos que se complican la existencia con cosas que consideramos de adultos, y llevamos la carga como quien lleva un zapato incomodo o un vestido feo.
Para correr soltamos todo, y nos sentimos niños grandes al pasar la Plaza y quizás niños pequeños frente al Palacio, y nos sentimos ser uno y ser muchos, y solo queremos llegar, o intentar llegar, que al final es lo mismo.