Pablo no entendÃa nada. Una sensación de confusión invadÃa su cuerpo. “¿Qué dÃa es? ¿Por qué llevo ropa deportiva? Un momento… ¿ese es Unamuno? ¡¿Unamuno corriendo con un dorsal?!â€
Cada pregunta era aún más desconcertante. Sentado en el suelo, observaba pasar a un montón de personas corriendo en la misma dirección. ¿Acaso habÃa algún incendio? ¡¿Acaso estaba viendo pasar entre la multitud al astronauta de la catedral, con deportivas puestas?!
En medio de la confusión, unos muchachos se pararon jadeantes y le preguntaron si estaba bien. Ahà comprendió que, corriendo la San Silvestre salmantina, habÃa tropezado y por unos instantes habÃa tenido alucinaciones. El tobillo le dolÃa, pero más le dolÃa haber entrenado duramente para luego no poder terminar la carrera.
Al escucharle, los muchachos le cargaron a caballito hasta la meta. No les importaba tardar más tiempo en completar la carrera, lo importante era que nadie se quedara atrás.