27 DE DICIEMBRE DE 2026

Lágrimas de agua levitan sobre el puente romano.
Me susurran salta! salta! Vuela con nosotras.
Tapono fuertemente mis oídos para ignorar sus palabras.

Comienzo a correr.
Desbocado el corazón,
mis pulsaciones golpean mis sienes como un martillo.

Tras un largo sprint, escapo del puente borrado por la niebla.
Corro rápido, sin destino, sin rumbo.
Huyendo del pasado, disfrutando el presente,
sin imaginar el futuro.

Acompasado por el martilleo en mi sien,
con el sonido rítmico de mis zapatillas golpeando el suelo,
mi respiración fluye, mi cuerpo se relaja.
Logro fijarme en el camino.

Liberados de la niebla oscura mis ojos vuelven a la vida.
Levanto la mirada, diviso una luz tenue,
una diminuta llama incandescente,
libre tras disiparse la niebla espesa.
Esa luz penetra en mí,
me invade, me llena.

Y corro, como un loco,
hacia esa pequeña llama que baila y brilla
en tus ojos de gata. Mi meta.