Esperaba el pistoletazo de salida cuando se percató de que a su lado, un anciano de barba blanca no dejaba de mirarle. Cruzaron sus miradas y el joven lo reconoció: era el misterioso corredor que había visto ayer entrenando y que se daba un aire a Unamuno. El anciano se le acercó y le susurró al oído:
-No corras hacia la niebla
Aquello lo dejó turbado pero comenzó la carrera y decidió centrarse en sus zancadas hasta que súbitamente una espesa niebla ocultó a los corredores de delante. ¿Debía hacer caso al anciano?-se preguntaba el corredor, pero ya era demasiado tarde: la niebla lo engullía y una sensación de terror se adueñó de él hasta que repentinamente despertó de nuevo en la línea de salida. Había sido un sueño, pero ¿por qué había despertado justamente allí? Y ¿por qué un anciano de barba blanca no dejaba de mirarle?