Su presencia en la carrera desbarató los planes de la organización.
Un año más, acudió a la cita para correr la San Silvestre Salmantina. Disfrutó como nunca del circuito. Pasó por su barrio saludando a sus vecinos y una lágrima se le escapó cuando pasó frente a la escuela dónde fue de niño.
Logró acompasar su respiración al suave ritmo que impuso a sus piernas. El dolor de su lesión incurable se difuminó entre el mágico ambiente que reinaba en esa prueba tan especial para él.
Entre los aplausos enfervorizados de su público, atravesó la lÃnea de meta como un triunfador.
Llegó en última posición.
El alcalde, no pudo entregarle la placa que le iban a entregar por su retirada del atletismo.
-Al próximo año por si acaso, preparen otra medalla más. A veces ocurre: los últimos serán los primeros. Ahora… ¿qué hacemos?-dijo el alcalde.