27 DE DICIEMBRE DE 2026

La caja tonta me tenía bloqueado a diario con tantos dimes y diretes de unos y de otros. Lo que nunca me había pasado, ahora era el pan nuestro de cada día, odiar sin saber ni conocer al odiado. Yo no quiero ser así, pero la chusma te come el coco hasta límites insospechados. La cabeza me iba a estallar y encontré consuelo en un cartel el cual hablaba de una gran carrera, la San Silvestre. Allí estaba yo, correr por correr, ese era mi objetivo. Tenía sed, mucha sed, y una chica rumana me ofreció agua fresca. Se me caía el sudor por la frente y un señor nigeriano, me dio pañuelos de papel. Seguía corriendo y me tropecé, y dos jóvenes marroquíes, me levantaron del suelo para que continuara. Ese día no gané la carrera, pero gané valores y ya no hago ni caso a la caja tonta.