La caja tonta me tenÃa bloqueado a diario con tantos dimes y diretes de unos y de otros. Lo que nunca me habÃa pasado, ahora era el pan nuestro de cada dÃa, odiar sin saber ni conocer al odiado. Yo no quiero ser asÃ, pero la chusma te come el coco hasta lÃmites insospechados. La cabeza me iba a estallar y encontré consuelo en un cartel el cual hablaba de una gran carrera, la San Silvestre. Allà estaba yo, correr por correr, ese era mi objetivo. TenÃa sed, mucha sed, y una chica rumana me ofreció agua fresca. Se me caÃa el sudor por la frente y un señor nigeriano, me dio pañuelos de papel. SeguÃa corriendo y me tropecé, y dos jóvenes marroquÃes, me levantaron del suelo para que continuara. Ese dÃa no gané la carrera, pero gané valores y ya no hago ni caso a la caja tonta.