Quiero decirte que si me ves correr, no es porque me guste, no es porque sea buena en atletismo, y tampoco tiene que ver con vos; es el tiempo quien me impulsa. Quiero correr porque la infancia es como una carrera de velocidad, desde los primeros pasos, que mi adolescencia fue una carrera de vallas y algunas no las llegue a saltar, que mi juventud se asemeja a una carrera de medio fondo, exigiendo resistencia, esa que duele, esa que no te permite avanzar, que la adultez se convierte en una maratón, una prueba de persistencia, pero yo me quede sin paciencia y llega la vejez, que se compara con una carrera de relevos, porque somos testigos de cada momento, testigos de la vida y testigos de este tiempo que nos obliga a correr, a caer, a olvidarnos, a cambiar, ese tiempo que queda y ese tiempo que no tengo.