Estuvo a punto de soñarse de viejo pero no le dio tiempo. Cuando le entregaron la foto raÃda de la escuela y los uniformes y el patio no se reconocÃa. Porque somos espectadores de una ensoñación ajena, ya sonreÃda por otros. Uno dibuja un corazón en el vaho de la ventanilla, otro ha quizás muerto ya. Hay una foto de ella también, contorneada, en combustión. Está con ellos, los otros cuatro jóvenes que nadie reconocerÃa ahora en el inhóspito revés del altiplano. Las sandalias del conductor palparon la curva. Más allá del viaducto que repartÃa cráneos, allà fue, allà se llevó la madre a la boca el ramaje blando, allà fue cuando asÃa el cerro los claveles revueltos. Llamo a la puerta de los teatros y las embajadas como si hubiera alguien, detenido hoy detrás de mis ojos lentÃsimos, lentos de sueño a contratiempo.