27 DE DICIEMBRE DE 2026

Estuvo a punto de soñarse de viejo pero no le dio tiempo. Cuando le entregaron la foto raída de la escuela y los uniformes y el patio no se reconocía. Porque somos espectadores de una ensoñación ajena, ya sonreída por otros. Uno dibuja un corazón en el vaho de la ventanilla, otro ha quizás muerto ya. Hay una foto de ella también, contorneada, en combustión. Está con ellos, los otros cuatro jóvenes que nadie reconocería ahora en el inhóspito revés del altiplano. Las sandalias del conductor palparon la curva. Más allá del viaducto que repartía cráneos, allí fue, allí se llevó la madre a la boca el ramaje blando, allí fue cuando asía el cerro los claveles revueltos. Llamo a la puerta de los teatros y las embajadas como si hubiera alguien, detenido hoy detrás de mis ojos lentísimos, lentos de sueño a contratiempo.