DÃa a dÃa el miedo me abrazaba, me alimentaba lo mejor posible, habÃa olvidado mis sanos oficios de escribir.
He sufrido los cuidados excesivos de todos los conocidos que tengo, más que nada crÃticas.
Desde ese dÃa busqué modificar mis costumbres para eliminar tan sólo una de la concatenación de causas por las que morirÃa asÃ, sabiendo con terror que hacerlo podrÃa ser también una causa necesaria para el fin que ciegamente creà futuro.