Siempre lo llevo delante.
Fijo mis ojos en su cogote pero estoy atento a todo lo que hace, sus movimientos, su jadeo, busco una brecha en su guardia.
Es nuestra guerra, doblamos a corredores rezagados que no compiten, sólo participan.
Los diez mil metros de la San Silvestre Salmantina congregan a millares pero mi enemigo y yo corremos en otro mundo, jamás he hablado con él, un frio apretón de manos en el podio y basta, hoy quiero que suba al segundo escalón de una vez por todas.
De repente, ha caÃdo ante mis narices, ha rodado por los suelos… y he sonreÃdo.
Pero he mirado atrás y estaba pidiendo socorro.
Corrà hasta él, se agarraba el pecho aterrorizado.
No pienso moverme de este hospital hasta que sepa que está bien.
Hoy sé que un adversario no es un enemigo… es un compañero.
Es el último dÃa del año.