Aquella mañana se levantó con el pié izquierdo.
Cuánto más intentaba concentrarse para la carrera, más mella hacÃan los nervios en su estómago, que por momentos, le obligaba a retorcerse de dolor.
Llevaba meses preparándose para la San Silvestre Salmantina, y el dÃa habÃa llegado.
Las molestias de los primeros kilómetros de acrecentaban durante el recorrido. No querÃa pensar, no era el momento, solo corrÃa y corrÃa.
Cruzó la meta y continuó su marcha, dejó atrás la ciudad y no se detuvo.
Durante dÃas, recorrió pueblos y campos, sin sentir dolor.
Hasta que llegó a un lugar, donde un hombre, a lomos de un caballo, le preguntó:
– Porqué corres?, ¿Huyes de alguien?
– Huyo de mis pensamientos, contestó sin detenerse.
-¡Estás loco!,dijo el caballero de la armadura, empuñando su lanza.
-¿Loco yo?, pensó… Y siguió corriendo.