Llegando al antiguo puente romano no pude menos que admirar el maravilloso e icónico verraco de piedra granÃtica. Esto a su vez me hizo recordar el pasaje del Lazarillo de Tormes que, cuando iniciaban su camino aquà mismo, antes de cruzar el puente, el ciego le gasta una broma haciendo que Lázaro se acerque a la piedra y le da un gran coscorrón. Pensar esto hizo que me diera la risa y no tuve más remedio que parar. Y ya parado, admirar embobado el impresionante puente de piedra que dicen construyó el mismÃsimo Hércules. ¿Quién me puede reprochar tomar el tiempo necesario para contemplar tan enorme belleza? ¡Vale que estoy corriendo la San Silvestre! Pero ¿y qué? esta carrera se hace cada año, pero admirar aquello sólo…cuando me apetezca, que soy de Salamanca. Nada, no cuela. De aquà a meta se me ocurrirá alguna escusa mejor.