NOCHE BRAVA
El burel clavó en mi sus ojos moros olfateando el miedo. Su casta emblemática gritaba ¡Olé!
Quedé paralizado cuando el toro de Lidia lanzó con sus patas chispas y guijarros de la tierra navarra dispuesto al ataque.
Su piel de ébano brillaba cómo el ónix cuando los rayos lúbricos lunares abrazaron su envés para hacerlo más irreal y más lÃvido. Su encornadura acaramelada rayó el manto de la noche, entonces, las castañuelas de sus patas sonaron en el tablado del llano…
En esos momentos recordé mi participación en la carrera de san Silvestre en Salamanca y como logré posicionarme dentro de los finalistas.
PodÃa huir… pero…
Retrocedà unos pasos… decidido tomé velocidad.
… y se lanzó contra mÃ.
Llovieron claveles rojos en el ruedo del campo libre.