Nos faltó el aire, desde luego.
Disfrutamos del viento que golpeaba nuestra cara, el sol que iluminaba las calles. Vimos a los demás corredores poner todo su empeño.
Recuerdo que sentÃa mis piernas pesadas, el dolor en el costado se hacÃa insoportable y a penas el oxÃgeno entraba en mis pulmones, éstos, exigÃan mucho más aire. Mi cuerpo me pedÃa más fuerza. A mitad de recorrido, no pensaba que pudiera llegar a la meta, mantener la segunda posición por la que habÃa luchado desde el minuto uno.
No sabÃa su nombre.
Sin embargo, cada fibra de mi cuerpo se sintió aliviada cuando me agarró la mano y tiró de mà hasta la meta. Faltaban pocos metros. ¿Quién pasarÃa primero?
Nos faltó el aire cuando ambos, a dos metros de la meta, nos quedamos quietos, congelados.
Apreté los labios.
Nos miramos.
HabÃa sido nuestra primera carrera, pero no la última.