Cuando corremos, libramos una lucha interna entre dos fuerzas. Por un lado, la energÃa positiva que nos hace sacar lo mejor de nosotros, superación, sacrificio, a darlo todo en cada kilómetro. La que nos empuja del sofá y nos pone en la carretera. Por otro, el lado oscuro lleno de negatividad, cansancio, fatiga, lesiones. Es una lucha que tiene el corredor en cada competición. Y, ¿cuál vencerá? Aquella que alimentemos. Porque la carrera pone a cada uno en su sitio. Si has entrenado duro disfrutarás de ella, sino, sufrirás a cada paso. Porque correr es eso, una mezcla de dolor por la exigencia que le pides a tu cuerpo llevándolo al lÃmite mientras tus piernas te piden clemencia, las pulsaciones se disparan pero aún asà obedecen tu inquebrantable disciplina de sacrificio. Y de satisfacción cuando cruzas esa lÃnea que hay al final del recorrido y que te lleva al éxtasis.