27 DE DICIEMBRE DE 2026

A veces la meta se ve tan lejos… Las dificultades, gigantes, lo oscurecen todo. Estoy ofuscado entre la gente, son muchos los que van avanzando a su ritmo. Y yo ni siquiera puedo controlar el latir de mi corazón. Laura me ha dicho que era un lastre, que continuaba sin mí. No me veo capacitado para seguir. La idea de abandonar va tomando forma. Si alguien a mi lado me susurrara palabras de aliento… Pienso en mi abuelo Eduardo, ensalzando las virtudes de la San Silvestre, ese coraje que sacaba cuando flaqueaban las fuerzas, la recompensa de la llegada a pesar del cansancio. Su recuerdo me abraza, me llena de energía, me devuelve el valor huido. Aún temblando, bajo del alféizar de la ventana. Distingo a lo lejos la serpentina multicolor de los corredores. ¡Claro, es hoy! Y me uno a ellos para respirar esas ganas de vivir recién recuperadas.