Cada mañana me levantaba, me enfundaba en mi ropa de deporte y salÃa a entrenar. No dejaba de repetirme: “Hijo, ¿por qué no te apuntas conmigo a la San Silvestre? ya no hacemos nada juntos. ¡Será divertido!â€. ¿Por qué no le habré hecho caso cuando aun estaba conmigo? Pero lo tenÃa decidido, dejarÃa atrás mi vagancia y este año correrÃa la San Silvestre. Lo harÃa por él.
Los meses fueron pasando, asà como las frustraciones de los primeros dÃas. Intentaba dejar atrás los pensamientos negativos que me decÃan que no podÃa. La iba a terminar, se lo debÃa.
Cuando me quise dar cuenta ya era el dÃa de la carrera. Los primeros kilómetros fueron duros, incluso se cruzó por mi mente la idea de abandonar, pero la sonrisa de mi padre me alentó a continuar. Al cruzar la meta no podÃa contener mis emociones, eran demasiado fuertes. ¡Lo habÃa conseguido!