Nuestra familia reparte las palabras de ánimo en la Sansil. Nos levantamos temprano para dejar en cada rincón de las calles alientos de apoyo, aplausos de reconocimiento, la motivación de los más pequeños. Y cuando el Paseo de San Antonio tiembla al salir los corredores, esa semillas brotan de las aceras. Las palabras suben por el cuerpo de los asistentes, las palmas se instalan en las manos y las bocas gritan. En la Glorieta de la CharrerÃa, pulgares al aire. En el Paseo del Rollo, las sonrisas. Y los corredores a lo suyo: la fantasÃa de Salamanca en sus piernas imparables. Todos ganan. Nosotros los vemos desde nuestro balcón del Paseo y lloramos de felicidad. Cuando la carrera acaba, volvemos a las calles. A recoger las semillas que plantamos. Pero siempre prefieren quedarse bien agarraditas en el alma de los corredores. Por eso nuestra labor nunca se acaba.