Descubrió la manera de ver a su hija, tras 20 años, gracias a la San Silvestre Salmantina. Se habÃa enterado de que le encantaba pasar la última tarde del año con sus amigos, que siempre llegaba a la meta, y lo más importante para ella, después de la carrera, salir a tomar una caña con su gente. Y allà se plantaba cada año, mezclado entre el público, viendo a su hija reÃr, algo que la vida les habÃa privado de hacerlo, y que nunca más ocurrirÃa.