27 DE DICIEMBRE DE 2026

OFRENDA
―Está bien, correré por él; cualquier cosa mejor que esta impotente y dolorosa espera ‒musitó Lola ante la insistencia de los amigos de Juan.
Nunca compartió su afición, pero este año no podría esperarle al final de la carrera así que tal vez no fuera tan mala idea, sería como un homenaje o quizá… como una ofrenda.
Y corrió, con entrega y respeto, bajo pequeños copos de nieve ligeros como plumas, que brotaban del cielo salmantino salpicándole el rostro sudoroso; los sintió como un bálsamo para su cuerpo extenuado por el esfuerzo; levantó la mirada y en un discreto rayo de sol que perforaba las nubes creyó ver la imagen deseada; entonces lo supo: Juan acababa de salir del coma.
Ya no importaba cuanto faltaba para la meta, ni los calambres, ni el agotamiento, ni siquiera el dolor; solo una certeza ocupaba su mente: el próximo año correrían juntos.