En Salamanca, la vida de un atleta, al igual que la de un poeta, la meta siempre será la misma; cruzar la lÃnea de llegada, uno para besar a su amada, el otro, la San Silvestre Salmantina, cruzar su delgada lÃnea, con honores y gallardÃa.
Hoy me toca ser ambos; guerrero y trovador, de un verso que voy cantando: “sé que el sabor de un beso no desaparece con dos, cuando ese beso, en Salamanca, fue un beso de vosâ€, y asÃ, enfocado, me dirijo hacia la meta, diviso el atardecer, mientras pienso en tus idÃlicos; ojos claros.