En ese punto exacto, en el que los secretos del universo estallan en un rÃo de placer, un águila inmensa me agarró del pecho, elevándome y dejándome caer mientras batÃa sus enormes alas, eran tan grandes que todo se elevaba con el viento producido por su sacudir. Mi pelo se enmarañó en un remolino vertical. Todo a mi alrededor estalló silenciosamente en pedazos que al llegar al suelo se derritieron. Extendà mis brazos, mis manos, mis dedos hasta que la pared los paró.