Miraste fugazmente a tu hijo reflejado en el retrovisor central del coche; estaba profundamente dormido, agotado tras la carrera. A pesar del frÃo. A pesar de los minutos de lluvia. A pesar del cansancio. A pesar de lo que el médico le habÃa dicho. A pesar de todas las dificultades, se esforzó como nunca.
Y llegó hasta la meta.
No fue el primero, tampoco el segundo ni nada cercano; fue de los últimos. Pero eso no te importaba. Lo único que sentÃas era un gran orgullo por tu hijo, que con una pierna ortopédica habÃa logrado terminar la carrera. “Eso era lo único que valÃa la pena†pensaste mientras sonreÃas.