CorrÃa como un galgo. Cada zancada suya era una profecÃa de triunfo. Llegué a perderlo de vista enseguida. Las quinceañeras de piernas ágiles y velocÃsimas, los veteranos de musculatura envidiable forjada en los gimnasios, y muchos estudiantes de filologÃa, como yo, con el slogan grabado en el cerebro «mens sana in corpore sano», alucinamos al ver cómo volaba por el asfalto.Centenares de espectadores aplaudÃan sin cesar la San Silvestre Salmantina. Llegó de los primeros y me esperó pacientemente. Tan pronto lo vi, me acerqué sudoroso y fatigado a felicitarle y a abrazarle con infinita satisfacción, con gran alegrÃa y orgulloso de ser su nieto.