Las zapatillas, las calzonas y la camiseta están preparadas sobre la silla, junto al poster donde, brazos en alto, aparece su hijo cruzando vencedor la meta de la San Silvestre salmantina. Luce el joven esa equipación, la misma que ella, orgullosa, viene poniéndose desde hace diez años para correr la prueba.
Esta edición la ha preparado a conciencia. Espera terminarla con buen resultado; al menos, confÃa que no le suceda como la última vez, que tuvo que retirarse por culpa de una rotura fibrilar.
Antes de que den la salida, besa la fotografÃa de su hijo.
-Esta vez sÃ, hijo; vas a estar tan orgulloso de mà como yo lo estoy de ti. Con una pizca de suerte hasta hago podio en mi categorÃa.
Tomó un taxi al terminar la carrera, de su cuello colgando la medalla. Ya en el cementerio, la depositó sobre la tumba de su hijo.