Esperando que más pronto que tarde dejes de llorar por él, regreso cada dÃa. Y te encuentro ahÃ, sentada a su lado, aunque se pase el tiempo mirando ensimismado a las musarañas, ajeno a tus muestras de amor, como deseando escuchar de nuevo los aplausos de cuando ganó la San Silvestre salmantina, hazaña que nos ha repetido tantas veces. Sabes que nada volverá a ser igual, pero te conformas con esos momentos en que todo lo parece y te mira de reojo sin atreverse a dirigirte la palabra, como cuando se sentaba detrás de ti en el instituto. Te he visto agarrarle de la mano y acariciar su rostro, susurrándole palabras de amor, en esos instantes de efÃmera lucidez en los que sueñas con verle correr de nuevo, mientras observas su rostro ilusionado en el espejo de la habitación, junto a la tarta y las velas por su noventa cumpleaños.