27 DE DICIEMBRE DE 2026

No corría desde hace años, desde que pasó aquello. No corría ninguna carrera en general, y en particular, no corría la San Silvestre. Allí se vieron por primera vez, y se siguieron viendo cada año durante algo menos de tres décadas. Nunca se atrevieron a hablar, y cuando él tuvo el accidente, fue como espectador a la carrera para poderla volver ver. Pero ella no pasó. Así fue el año siguiente. Y también el otro, y los treinta y seis que fueron después. Y con una insensata perseverancia, ahí seguía este año, mirando el reloj frente a la salida, esperando un año más. Se distrajo un momento paseando la vista por el público al otro lado. Ahí estaba ella, con la vista clavada en la muchedumbre que ansiaba el disparo.
Este año tampoco se atrevió a decir nada, pero murmuró: quizás el que viene.