27 DE DICIEMBRE DE 2026

Al final lo consiguió. Que saliera a entrenar con él. Correr solo decía que le daba vergüenza y más por las calles donde creció, en Salamanca. Mi padre tenía un físico más bien rechoncho. Yo, en cambio, había salido a mi madre. Espigado, fibroso. Los primeros días fueron aburridos : tenía que esperar a que se le fueran los ahogos. Pero algo empezó a fluir entre nosotros. Charlábamos. Cosa que en casa no hacíamos. Me contó que con eso de correr quería impresionar a mi madre. Que lo viera acabar una San Silvestre al menos. Vaya con mi padre, pensé. A su edad y con estas.
El día de la carrera amanecieron las calles mojadas. Dieron la salida y allá fuimos los dos, entre la multitud de corredores. Durante el recorrido resbaló dos veces y se pegó soberanos trompazos, pero llegó a la meta. Y mi madre estaba allí esperándonos.