Desde pequeño, siempre que veÃa a los corredores incansables dar sus zancadas, quise poder participar, pero mis piernas estaban ancladas a una silla de ruedas y nunca podrÃa. O eso creÃa entonces. Porque aquella mañana, todos preparados en la salida, sentà que en mis piernas bullÃa la vida, como un sueño que iba tomando forma, que crecÃa dentro de mÃ. Ya habÃa empezado la carrera, pero cerré muy fuerte los ojos. Y la boca, para que no se me escapara. Apreté mucho los puños. Y sentà un burbujeo ya olvidado en los dedos de mis pies. El sueño crecÃa, y se estiraba y pataleaba buscando un hueco por donde fugarse. De mis tobillos salieron alas y convertido en pájaro me elevé por entre las nubes. Seguà a los corredores y alcancé la meta, lástima, de los últimos. Sé que es cuestión de entrenamiento. El año que viene ganaré.