Sudo. Quedan pocas horas para acabar el año, y el viento es frio en Salamanca, pero sudo. Agito la cabeza, confundido. No se por que he parado. Iba en el primer grupo, llevaba buen ritmo, no estaba cansado. Pero he parado. Miro a mi alrededor. Estoy sobre el puente romano. La gente que viene a vernos, a animarnos, grita. Me giro y observo la catedral. Intentan motivarme, apoyarme.
Pero ellos no lo entienden. “¡Ãnimo, ya casi estas!â€, “¡Vamos! ¡Que ya no queda nada!â€. Creen que son fuerzas lo que me falta.
Pero ellos no lo entienden. A veces las palabras con buena intención son las que más duelen. No son ánimos ni fuerzas las que escasean. Son kilómetros. Miro a la gente de nuevo y sonrÃo. Ahora entiendo por que he parado. No quiero que acabe. Empiezo a correr de nuevo, y disfruto cada metro como si fuese el último.