27 DE DICIEMBRE DE 2026

En el primer giro la pierdo de vista. Esa zancada larga y elegante la aleja de mí, y la multitud de brazos y piernas que avanza a ritmo desacompasado me difumina y casi logra que me desvanezca. Intento remontar pero ella, ajena a mi sufrimiento, no solo no desfallece sino que aumenta el ritmo. Se suceden las calles angostas, en las que apenas estoy presente, y durante un instante siento que ella me abandona, que no me necesita, que puedo desaparecer entre la gente y no sentirá mi ausencia. Es al oír los aplausos de la gente, los gritos de ánimo, la algarabía de los niños, cuando recupero mi presencia de ánimo. Y me deslizo por las calles y por las paredes hasta que al fin alcanzo sus zapatillas y nos reunimos de nuevo. Ella no nota nada. Da por hecho que seré su sombra para siempre.