27 DE DICIEMBRE DE 2026

Estas calles se convierten en la pista donde corrí por primera vez. Hasta hoy, nunca lo volví a hacer.

Parpadeo.

El aire quema mis pulmones, me siento desvanecer. Sólo unos metros más. Avanza. Cruza esa meta y deja que duela.

Parpadeo.

Nunca volví a correr, pero él sí. Antes de acercarse a la salida, besaba mi frente y alborotaba mi pelo, como un ritual que entonces detestaba y ahora anhelo.

Parpadeo.

Una lágrima brota. Después, otra. No puedo más.

Parpadeo.

Tras su despedida, corría hasta el Puente Romano para animarle, gritar su nombre, agitar mi bufanda, esperar su abrazo.

Él era inmortal, pero ya no está.

Parpadeo.

El rugir de las voces, las zancadas, las respiraciones forzadas, me empujan y siento que vuelo.

Parpadeo.

Cruzo la meta y es mi hijo quien me abraza y me impone la misma bufanda que yo agitaba.

Es la mejor medalla.