Amanezco el dÃa 30 con las lÃneas blancas amontonadas al este de la calle, inútiles. Con los adoquines de los rombos quejándose por el frÃo en las aceras. Con dolores en los pasos de cebra, alguna farola aturdida que aún titila; la noche me ha volteado o sacudido como a una alfombra pesada, de asfalto. Me preocupo absurdamente por los coches, los desalojaron ayer, antes de la carrera. Respiro aliviado, vapor en las alcantarillas. Las voces y las primeras pisadas de corredores me devuelven lentamente la realidad. Hay paseos en otras ciudades que se sienten maltratados, abusados, que colapsan y envejecen lustros de golpe por dÃas como este…pero, yo, invadido por los nervios, el olor a reflex, por los saltitos acolchados, los besos madrugadores, los manotazos avivando los músculos, los ánimos roncos…descolocado y adornado con vallas y atrezzo extraño, sonrÃo en mi mejor dÃa del año.