La carrera ha comenzado y procuro seguir el ritmo que marcan los pies de mi padre. No perderle de vista. En un tramo del camino me ha buscado los ojos, ha dicho mi nombre y un “Ãnimo que ya queda poco†y a mÃ, me han entrado ganas de llorar.
Codo con codo llegamos a la meta y una vez más, él regresa a la nada. Un vacÃo interior que cada año desaparece en esta cita y le devuelve al mundo real. Una lucidez que nos acompaña todo el recorrido porque lo único que no se ha llevado la enfermedad del olvido, es su pasión por correr.