La carrera ha comenzado y procuro seguir el ritmo que marcan los pies de mi padre. No perderle de vista. En un tramo del camino me ha buscado los ojos, ha dicho mi nombre y un “Ánimo que ya queda poco” y a mí, me han entrado ganas de llorar.
Codo con codo llegamos a la meta y una vez más, él regresa a la nada. Un vacío interior que cada año desaparece en esta cita y le devuelve al mundo real. Una lucidez que nos acompaña todo el recorrido porque lo único que no se ha llevado la enfermedad del olvido, es su pasión por correr.

27 DE DICIEMBRE DE 2026