“Paso a paso y siempre avanzando”. Esas fueron las últimas palabras de mi abuelo antes de morir en 2013. Para ese entonces, me encontraba perdido en la vida; sin rumbo, sin propósito. Creo que él lo sabía y, en el fondo, yo también.
Como si se tratara de una jugarreta del destino, unos meses después, me crucé con el atletismo. Comencé como cualquier novato: dolor, sudor y desafío mental. Sin embargo, rápidamente comprendí que era lo mío. Fue así como empecé a entrenar, a correr por mis sueños y cumplirme a mí mismo. Después de unos años, lo convertí en una parte esencial de mi vida.
Hoy estoy en la línea de partida. Salamanca nos recibe de brazos abiertos una vez más. En mi cabeza me veo llegando a la meta; en mi corazón retumba lo que me dijo mi abuelo aquella vez: “Paso a paso y siempre avanzando”.