27 DE DICIEMBRE DE 2026

Había quedado rezagado, cuando un callejón oscuro apareció a mi derecha. Algo me hizo desviarme del trayecto establecido, y aparecí en una plaza que no recordaba haber visto antes. Allí, bajo un arco de piedra, descubrí una imagen inquietante: un retrato de mí mismo, en la San Silvestre; junto a él, otro corredor, una figura borrosa. Intrigado, seguí las pistas que el cuadro sugería. De plaza en plaza, callejón tras callejón, exploré Salamanca como un laberinto tridimensional. Finalmente, llegué a un antiguo edificio que ocultaba un secreto. Al entrar, encontré un vasto archivo lleno de fotografías. El misterioso corredor borroso era un antepasado mío. Este hallazgo reveló que la carrera tenía profundas raíces en mi familia.
Horas más tarde crucé la meta, pero ya no quedaba nadie allí. Di los últimos pasos y miré a mi alrededor. Mis antepasados concluían también, felices, fantasmales y cansados, levantando sus brazos, sus carreras.