HabÃa quedado rezagado, cuando un callejón oscuro apareció a mi derecha. Algo me hizo desviarme del trayecto establecido, y aparecà en una plaza que no recordaba haber visto antes. AllÃ, bajo un arco de piedra, descubrà una imagen inquietante: un retrato de mà mismo, en la San Silvestre; junto a él, otro corredor, una figura borrosa. Intrigado, seguà las pistas que el cuadro sugerÃa. De plaza en plaza, callejón tras callejón, exploré Salamanca como un laberinto tridimensional. Finalmente, llegué a un antiguo edificio que ocultaba un secreto. Al entrar, encontré un vasto archivo lleno de fotografÃas. El misterioso corredor borroso era un antepasado mÃo. Este hallazgo reveló que la carrera tenÃa profundas raÃces en mi familia.
Horas más tarde crucé la meta, pero ya no quedaba nadie allÃ. Di los últimos pasos y miré a mi alrededor. Mis antepasados concluÃan también, felices, fantasmales y cansados, levantando sus brazos, sus carreras.