El silencio se apoderaba del ambiente, a causa del nerviosismo que dominaba sus sentidos, al cuestionárselo absolutamente todo…
Ese instante se rompÃa por el griterÃo y la exaltación de aquellos que los observan y, al mismo tiempo, los alentaban. El nerviosismo se convertÃa en adrenalina y, al dar una calada de aire fresco, se sentÃa libre. Era su momento de desconexión, donde lo único importante era disfrutar de cada paso e intentar dar lo mejor de sÃ.
Al final, siempre dudaba de si habÃa hecho todo lo que podÃa; si todo aquello merecÃa la pena. Por eso, cuando se presentaba otra oportunidad, lo volvÃa a intentar. Era su excusa perfecta para comprobar si podÃa dar más, si podÃa correr más, al fin y al cabo, si podÃa lograr todo aquello que pretendÃa.
No buscaba gloria, ni trofeos. Todo era, sencillamente, por y para mejorar dÃa tras dÃa y seguir creciendo.