Contempló cómo sus dos pies giraban sobre sà mismos, cual cabeza de la Niña del Exorcista. Sus zapatillas salieron disparadas, a modo de balas de cañón, buscando la meta. Su mente quiso seguirlas, pero su cuerpo se quedó a ras del duro suelo y no respondió. Allà sintió la soledad del corredor mientras miles de zapatillas de colores pasaban veloces a su alrededor.
¡Corre, Lola, corre!, oyó que gritaban a su alrededor. Pero el camino hacia la victoria se quedó en un sueño. Otros fueron los elegidos para el triunfo.