Existen diferentes pasos a lo largo de nuestras vidas. Si bien somos capaces de identificar a una persona únicamente por su forma de caminar, cuando aceleramos nuestras pulsaciones exaltamos nuestras emociones; cuando nos sentimos abatidos nuestras piernas son más pesadas, pero cuando no, avanzamos sin nisiquiera mirar atrás.
Para una persona que no lo ha averiguado, le queda mucho camino que pisar. Sin embargo, para aquel aficcionado a explorar un mundo desde otra perspectiva, aún le queda mucho más sendero que recorrer. Todo esto ocurre porque nunca habrá una meta, porque el recorrido acaba siendo lo que nos hace mejorar, no el objetivo con lo que un día comenzamos a gatear.
Siempre estuvo ahí, siempre nos acompañará, y cada vez somos más los que nos damos cuenta de ello. Nos damos cuenta que siempre nos hemos sentido más vivos cuando nuestro cuerpo y alma están unidos.