Un gusanillo en el estómago, nada que ver con la serpiente venenosa que entre semana lo devora antes de ir al colegio, lo ha despertado temprano. Nuestro pequeño héroe participará en la San Silvestre Salmantina. Hoy correrá fuera de la tapia que rodea su colegio y lo encierra, cual indefenso cervatillo, dentro de una reserva de caza. Truena el disparo en el cielo de Castilla. El pequeño corre, corre y corre con todas sus fuerzas. Se siente a salvo de esa jaurÃa rabiosa que lo maltrata entre los gruesos muros y los ojos ciegos. Los imagina detrás sin que puedan alcanzarlo porque ahora la única valla que lo encierra es la cinta que romperá dentro de un momento cuando cruce la lÃnea de meta. Desde lo más alto del podio observa a la manada que entre semana lo insulta y hoy corea su nombre.