27 DE DICIEMBRE DE 2026

Peregrinos
Al final de nuestro peregrinaje, subimos al altísimo campanario de la iglesia a pesar de las piernas envejecidas de mi abuelo. Sin embargo nos alivió contemplar el paisaje desde allí arriba, tanto que nos alineamos con los árboles custodios del río hasta el Mediterráneo. Nos apropiamos del anochecer, hasta que fuimos empujados contra uno de los muros: ¡se había desatado un desparramo de estrellas errantes! Supusimos un desborde de la Vía Láctea, de modo que hicimos guardia ante el milagro hasta la mañana siguiente en que cientos de aves se desplegaron hacia el sol para perderse allí al igual que nosotros.