Peregrinos
Al final de nuestro peregrinaje, subimos al altÃsimo campanario de la iglesia a pesar de las piernas envejecidas de mi abuelo. Sin embargo nos alivió contemplar el paisaje desde allà arriba, tanto que nos alineamos con los árboles custodios del rÃo hasta el Mediterráneo. Nos apropiamos del anochecer, hasta que fuimos empujados contra uno de los muros: ¡se habÃa desatado un desparramo de estrellas errantes! Supusimos un desborde de la VÃa Láctea, de modo que hicimos guardia ante el milagro hasta la mañana siguiente en que cientos de aves se desplegaron hacia el sol para perderse allà al igual que nosotros.